Mi enfoque
Un proceso para comprender, integrar y avanzar
Cada persona llega a terapia con una historia, unas necesidades y una forma diferente de relacionarse consigo misma y con lo que le ocurre.
Por eso, no parto de una técnica predeterminada ni aplico la misma forma de trabajar a todas las personas. Primero necesitamos comprender qué te está ocurriendo, qué has vivido, qué puede estar manteniendo el malestar y qué necesitas en este momento.
A partir de ahí, iremos definiendo juntas los objetivos del proceso y la manera de trabajar que tenga más sentido para ti.
Comprender también forma parte de la terapia
Para mí es importante que entiendas qué estamos haciendo y para qué.
Me gusta explicarte qué vamos observando, ayudarte a comprender determinados patrones y poner palabras a aquello que quizá hasta ahora resultaba difícil de entender.
Creo que poder comprender lo que nos ocurre también puede ayudarnos a recuperar sensación de seguridad y capacidad de elección.
Por eso, la terapia no es algo que simplemente “te hacen”. Es un proceso que construimos juntas, en el que tus preguntas, tus necesidades y tu ritmo también forman parte del trabajo.
Una forma de trabajar integradora
Mi manera de trabajar es integradora. Esto significa que no utilizo una única técnica como respuesta a todo, sino que puedo incorporar diferentes enfoques y herramientas en función de la persona, el objetivo terapéutico y el momento del proceso.
Entre ellas se encuentran recursos procedentes del trabajo con trauma y apego, EMDR, IFS, Caja de Arena, EFT/Tapping y psicoeducación.
No todas las herramientas son adecuadas para todas las personas ni para todos los momentos.
Primero necesitamos comprender. Después decidiremos juntas qué puede ayudarnos a avanzar, explicándote siempre qué estamos trabajando y para qué.
Seguridad antes que profundidad
Especialmente cuando trabajamos con experiencias traumáticas o historias complejas, para mí es importante no avanzar más rápido de lo que la persona puede sostener.
En algunos momentos necesitaremos comprender; en otros, estabilizar, desarrollar recursos o trabajar con experiencias del pasado.
Profundizar no significa forzar. El proceso necesita respetar tu ritmo y contar con los recursos suficientes para poder abordar determinadas experiencias de una manera segura.
La terapia también ocurre fuera de consulta
No busco que únicamente comprendas intelectualmente lo que te sucede.
El objetivo es que aquello que vayamos trabajando pueda trasladarse progresivamente a tu vida: reconocer antes lo que necesitas, comprender tus reacciones, relacionarte de otra manera contigo misma, establecer límites, tomar decisiones o utilizar nuevos recursos cuando aparezcan situaciones difíciles.
Por eso, cuando tenga sentido, podremos establecer pequeños objetivos, ejercicios o propuestas entre sesiones.
La terapia no termina cuando acaba la sesión.
El objetivo: que cada vez me necesites menos
Para mí, un buen proceso terapéutico no busca generar dependencia.
Busca ayudarte a comprenderte, integrar tu historia y recuperar o desarrollar recursos propios para que puedas tomar decisiones desde un lugar diferente.
Mi objetivo es que, progresivamente, puedas sentir más seguridad, autonomía y confianza en tus propios recursos, hasta que la terapia deje de ser necesaria.
En definitiva, acompañarte para que puedas vivir con mayor libertad y en mayor coherencia con quien realmente eres.